La parada de taxis del aeropuerto de San Pablo. / JUAN CARLOS MUÑOZ

El regreso de la alta demanda de viajeros provoca insultos y gritos contra los profesionales que van a recoger a sus clientes con servicios precontratados

FERNANDO PÉREZ ÁVILA

Dos años después del parón provocado por la pandemia, los turistas vuelven a llegar en masa a Sevilla y todo apunta a que el sector se recupera a buen ritmo de cara a la temporada alta de la próxima primavera. Así se ha constatado ya en el puente del 28 de febrero, por ejemplo, cuando las calles del centro de la ciudad han estado abarrotadas de visitantes. Esto tiene también sus efectos en el aeropuerto de San Pablo, donde han vuelto las tensiones entre los taxistas, que llevaban un tiempo en calma.

El viernes 25 de febrero, fueron increpados varios taxistas que iban a recoger a clientes que tenían servicios precontratados. Sus compañeros del aeropuerto los insultaron a gritos, todo ello ante la presencia de los visitantes que habían contratado el taxi mediante una conocida plataforma de viajes. Fue esa la primera impresión que se llevaron de la ciudad a la que venían a pasar unos días de ocio.

Algunos de los profesionales afectados han puesto los hechos en conocimiento del Instituto del Taxi, sin que por el momento el Ayuntamiento de Sevilla haya tomado ninguna medida para corregir situaciones de este tipo, que son históricas en el aeropuerto de San Pablo. Desde hace más de veinte años, la asociación Solidaridad del Taxi ostenta de facto el monopolio de la parada de taxis de la terminal aérea y ha protagonizado numerosos enfrentamientos para mantener a toda costa esta posición de privilegio.

Es lo que se ha llamado la mafia del taxi, que ha sido objeto de una investigación judicial durante los últimos años y que en la actualidad cuenta ya con 27 taxistas procesados. En el auto en el que se concluía la investigación y se procesaba a los conductores, la juez titular del juzgado de Instrucción número 8 de Sevilla, Reyes Flores, aseguraba que la Asociación Hispalense Solidaridad del Taxi, dirigida hasta su jubilación por Enrique Filgueras, estaba «encaminada a un monopolio del servicio de taxis en el aeropuerto de Sevilla, teniendo atribuido el uso exclusivo de la parada existente en la terminal de llegadas, así como de la carpa que se ubica en el exterior de estas instalaciones, que tenían concedidas por el aeropuerto de Sevilla, que en ningún modo formaban parte de dicho contrato y a las que se impedía con medios coactivos el acceso de profesionales del taxi y que no formarán parte de la asociación».

Algunos de los profesionales afectados han puesto los hechos en conocimiento del Instituto del Taxi, sin que por el momento el Ayuntamiento de Sevilla haya tomado ninguna medida para corregir situaciones de este tipo, que son históricas en el aeropuerto de San Pablo. Desde hace más de veinte años, la asociación Solidaridad del Taxi ostenta de facto el monopolio de la parada de taxis de la terminal aérea y ha protagonizado numerosos enfrentamientos para mantener a toda costa esta posición de privilegio.

Es lo que se ha llamado la mafia del taxi, que ha sido objeto de una investigación judicial durante los últimos años y que en la actualidad cuenta ya con 27 taxistas procesados. En el auto en el que se concluía la investigación y se procesaba a los conductores, la juez titular del juzgado de Instrucción número 8 de Sevilla, Reyes Flores, aseguraba que la Asociación Hispalense Solidaridad del Taxi, dirigida hasta su jubilación por Enrique Filgueras, estaba «encaminada a un monopolio del servicio de taxis en el aeropuerto de Sevilla, teniendo atribuido el uso exclusivo de la parada existente en la terminal de llegadas, así como de la carpa que se ubica en el exterior de estas instalaciones, que tenían concedidas por el aeropuerto de Sevilla, que en ningún modo formaban parte de dicho contrato y a las que se impedía con medios coactivos el acceso de profesionales del taxi y que no formarán parte de la asociación».

Esta investigación surgió a raíz de los ataques a los vehículos de transporte concertado (VTC), si bien tradicionalmente también se han denunciado amenazas y sabotajes hacia otros taxistas que no fueran miembros de Solidaridad y que pretendían realizar servicios en el aeropuerto. La magistrada añadía que se «generó una situación de auténtica inseguridad ciudadana» por el «carácter vandálico y violento que revestían los actos cometidos frente a ellos». La juez asegura que Solidaridad funcionaba como una «organización criminal». 

En los últimos dos años, las coacciones en la terminal se habían frenado bastante, por varias razones. La principal fue la pandemia del covid-19, que redujo enormemente la llegada de viajeros. Al no haber demanda, tampoco había incidencias destacables porque apenas se contrataban servicios.

Un año y medio antes, en otoño de 2018, se jubiló Enrique Filgueras, el líder de Solidaridad y uno de los principales procesados en el caso de la mafia del taxi, lo que rebajó también la tensión en la parada. También influyó la presión policial (muchos de los taxistas ahora procesados llegaron a ser detenidos) y judicial por la investigación en marcha.

La vuelta de la demanda ha traído consigo un incremento de las tensiones en la terminal, sobre todo entre taxistas. Los de Solidaridad tratan de intimidar con insultos y gritos a los profesionales del sector que acuden a prestar servicios precontratados, que suelen trabajar para agencias y hoteles.

Por el momento la situación no ha pasado a mayores ni se han vivido los momentos de hace años, cuando se lanzaban huevos, piedras, pintura o ácido decapante a los taxis que no pertenecían a la asociación.Mientras tanto, sigue llamando la atención la inacción del Ayuntamiento de Sevilla en esta materia.

El Consistorio se ha negado siempre a instalar el turno rotatorio para acabar con el monopolio, como recomendaba una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, y como existe por ejemplo en Málaga. Por su parte, la Policía Local informa periódicamente de controles a taxis y VTC.

Los taxistas aseguran que estos controles son muy estrictos, con multas importantes, en la estación de Santa Justa y en otros puntos de la ciudad, pero no lo son tanto en el aeropuerto de San Pablo./Diario de Sevilla

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