Miriam Macías, Begoña Valverde y Julen del Arco posan con un taxi a las puertas del Pabellón Revilla del hospital de Basurto, donde ingresan pacientes con covid. Oskar González

«ME DA BASTANTE MÁS MIEDO LLEVAR A UN QUINQUI A LA NOCHE QUE A UNA PERSONA CON COVID», CONFIESA DANIEL, UN TAXISTA QUE, AL IGUAL QUE SUS COMPAÑEROS MIRIAM, BEGOÑA Y JULEN, TRANSPORTA A CLIENTES CONTAGIADOS DE CORONAVIRUS EN BILBAO

ARANTZA RODRÍGUEZ 

La primera vez que el coronavirus viajó en el asiento trasero de su taxi fue por casualidad. «Al principio de la pandemia, cuando estábamos encerrados, me encontré en la calle Ercilla a una mujer con su bebé. Me dijo que tenían covid, que había llamado y nadie la llevaba. Me impresionó porque estaba muy apurada y el bebé, muy pachuchito, venga a llorar por la fiebre. Los llevé a Basurto», recuerda Daniel Astigarraga, uno de los taxistas que en plena sexta ola, al igual que sus compañeros Julen, Begoña y Miriam, sigue transportando a pasajeros positivos en Bilbao. Y ninguno, por increíble que parezca, se ha infectado en el taxi.

Puestos a calibrar temores, Daniel, 47 años, vecino de Zeberio, no lo duda un instante. «Me da bastante más miedo llevar a un quinqui a la noche que a una persona con covid». La razón, que le ha tocado lidiar con bastantes. «Uno quería que me metiese en la estación de Renfe, donde había más gente esperando, me imagino que para robarme. Al de un rato pasé y la Ertzaintza los tenía a todos contra la pared», comenta.

Lo mismo que escapó por los pelos de aquella encerrona, Daniel ha conseguido esquivar al virus. Y eso que en más de una ocasión ha trasladado a amigos contagiados. «Habré llevado a cientos de personas que tienen covid sin saberlo. No podemos vivir con un miedo eterno», afirma.

Además de la valentía, Daniel utiliza todos los medios a su alcance para mantener al coronavirus en su sitio. «Puse una mampara de plástico, llevo las ventanas abiertas, las mascarillas, los geles y un espray con el que desinfecto la zona», explica y confiesa que en el taxi se dice de todo. «He oído barbaridades sobre los que no se vacunan, como que los encerrarían en la plaza de toros».

«CRUZAS LOS DEDOS Y ADELANTE»

También Begoña Valverde, 55 años, vecina de Galdakao, acude a la llamada para llevar a pacientes positivos. Y no lo hace para obtener más ingresos. «Muchas veces me coge a desmano y hasta pierdo porque la tarifa se la pongo cuando ya estoy en el hospital«, apunta.

Lo hace por vocación. «Estamos pocos y forma parte de mi trabajo. Al inicio de la pandemia me apunté para ayudar. Cuando me dijeron que iba a llevar a enfermos de covid, me quedé en shock, pero pensé: Hace falta, cruza los dedos y tira para adelante». Y en esas sigue. «No lo debimos hacer mal porque no caímos ninguno», señala esta taxista, que no escatima en precauciones. «Paro, ventilo, le doy al ozono, abro y cierro yo la puerta…».

Conscientes de que compartir coche con ellos supone un riesgo, los clientes se muestran muy agradecidos. «El 95% cuando se baja te dice: Muchísimas gracias, menos mal que estáis también vosotros… Además, te suelen dar propina», cuenta Begoña. Por contra, «hay gente y amigos que te miran y tuercen el hocico como si hubieran tomado limón. ¿Y los que están en las ambulancias? ¿Y los sanitarios? Hay mucha gente que está en contacto con estas personas. No se las deja de lado. Es un servicio que das y es necesario», defiende./DEIA

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