Los taxistas de Barcelona continúan reclamando sin éxito llevar cámaras en los vehículos



Los profesionales del taxi de la Ciudad Condal se han convertido en el objetivo principal de los ladrones

Un guardia urbano de Barcelona fuera de servicio interceptó la madrugada de este domingo a dos individuos robando un ordenador portátil y un móvil a un taxista mientras el conductor se encontraba pagando en el cajero de una gasolinera. Uno de los ladrones fue arrestado y los objetos, valorados en 1.000 euros, devueltos al taxista. Este tipo de delito no es nuevo en Barcelona y los conductores de este servicio se han convertido en una de las presas fáciles de los amigos de lo ajeno. Según Mossos y Guardia Urbana, el número de robos a los taxistas no ha aumentado considerablemente, pero sí lo ha hecho la agresividad hacia estos conductores. Es rara la semana en que uno de ellos no acaba en el hospital tras ser víctima de algún tipo de asalto grupal. El pasado 29 de diciembre, más de un centenar de taxistas hicieron una marcha lenta por la capital catalana. Reclamaban, entre otras cosas, poder instalar cámaras en sus vehículos. La protesta se produjo días después de que un taxista fuera apuñalado a plena luz del día frente al mercado de La Boqueria.

EL PAÍS ha localizado al taxista cuyo ataque supuso el inicio de nuevas movilizaciones en el sector. Asif Alí nació en Pakistán hace 35 años y lleva cuatro años ejerciendo como taxista. El 16 de diciembre estaba dentro de su coche cobrando a una clienta que iba a bajarse frente al icónico mercado de La Rambla. “Un ciclista colisionó contra la puerta de la que estaba a punto de salir la clienta. Pronto supe que era una maniobra de distracción para robar. Bajé y hablé con el ciclista que llevaba gafas, mascarilla y gorra. Se puso nervioso y empezó a golpearme. No noté nada, pero pronto vi la sangre. Me había clavado un cuchillo en los brazos, la oreja, la cabeza, la cara y las manos”, recuerda Alí. El taxista sobrevivió al ataque, pero necesitó varios puntos de sutura y 16 días de baja. Nada se sabe del ciclista que huyó Rambla abajo. “Hay zonas muy peligrosas como el Raval, el Gòtic y la Barceloneta y nosotros, a falta de turistas, somos presas fáciles. No hay que olvidar que trabajamos con dos móviles: uno como GPS y otro para llamadas”, destaca Alí.

Alí Laaril tiene 39 años y lleva una docena trabajando como taxista en Barcelona. El pasado 7 de octubre esperaba a un cliente en la Rambla del Raval cuando fue pateado por siete individuos que le acababan de robar. Perdió el conocimiento y desde entonces tiene la mano izquierda lesionada. “La policía me ayudó y a los cuatro días estaban todos detenidos. El problema es que ahora están en la calle y pueden volver a hacer daño”, lamenta. “Tengo dos hijas de 4 y 6 años, mi mujer no tiene trabajo y tengo a mi madre y un hermano a mi cargo. Necesito trabajar y todavía no puedo. Mi principal miedo es que mis hijos se queden sin comer”, lamenta. Laarin ve una “vergüenza” que no les permitan instalar cámaras dentro del vehículo.

Tito Álvarez, portavoz de Élite Taxi, ha mantenido reuniones con el 112. Pese a que la petición de cámaras parece que no prospera, sí ha conseguido que se estudie la modernización de un botón que todo taxi tiene instalado desde 2002 y que “no funciona”. “Este mecanismo es obligatorio, está al lado del embrague y su instalación nos cuesta 1.000 euros. Si estás en peligro lo tocas y, en principio, desde el 112 te deberían geolocalizar. En la práctica no funciona porque está desfasado. De momento hemos conseguido que se pongan las pilas y busquen un dispositivo más eficiente, aunque no entendemos la negativa a las cámaras”, lamenta Álvarez.

Laia Bonet, actual presidenta del Instituto Metropolitano del Taxi, advirtió esta semana que el compromiso de la administración es modernizar la conexión de los vehículos con el 112 pero, por el momento, no está en debate la utilización de cámaras dentro de los coches.

El País



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