La juez le impuso una multa de 360 euros al vecino de La Puebla de Alfindén por un delito leve de estafa, pero tampoco la abonó y acabará en una celda de Zuera

Un viaje de ida y vuelta entre La Puebla de Alfindén y Zaragoza viene a costar en torno a 50 euros, ya que se trata de un recorrido de un 35 kilómetros en total en el que llegan a invertirse más de tres cuartos de hora. Sin embargo, a un vecino del primer municipio, Javier L. B., la carrera le va a salir bastante más cara, porque decidió marcharse sin pagar –lo que coloquialmente se conoce como un ‘simpa’– y una juez acaba de ordenar su ingreso en prisión por un delito leve de estafa.

El encausado, de 40 años, podía haber evitado su paso por el centro penitenciario de Zuera pagando la multa de 360 euros a la que fue condenado, cantidad a la que había que sumar el importe del servicio y las costas procesales. Sin embargo, el hombre ni siquiera se presentó al juicio. Y dado que desde entonces no ha dado señales de vida, la titular del Juzgado de Instrucción número 4 de Zaragoza ha dictado una orden irrevocable por la que se verá obligado a pasar un mes entre rejas.

Los hechos que dieron lugar a esta causa se remontan al 7 de noviembre de 2020. Como consta en el atestado instruido por la Guardia Civil, sobre las 15.54, la central de Radio Taxi recibió una llamada telefónica solicitando un taxi para viajar de La Puebla de Alfindén a Zaragoza. El denunciante, al que asiste el letrado Marco Antonio Navarro, contestó a la operadora diciéndole que él se encargaría de recoger al cliente. Y nada le hizo sospechar durante el recorrido de que podía tratarse de un engaño, ya que el ahora condenado mantuvo con él una conversación fluida llegando a contarle que trabajaba con su hermano en una empresa metalúrgica.

Sin embargo, cuando ya habían estado en la capital aragonesa y retornaban a La Puebla de Alfindén, Javier L. B. le explicó al taxista que no llevaba efectivo y tendría que esperarlo unos minutos mientras subía a casa a por el importe de la carrera. Aquello infundió sospechas al conductor, que acabó parando el vehículo en una gasolinera del municipio para aguardar al cliente. Cuando este se apeó del coche, el taxímetro marcaba 52 euros.

Pasada más de una hora de espera sin noticias del pasajero, la paciencia del taxista terminó agotándose. Cuando les ocurren situaciones como esta, algunos profesionales del sector asumen que han sido víctimas de una estafa y prefieren pasar página. Pero este prefirió tirar de teléfono y pedir auxilio a la Guardia Civil para denunciar la estafa. Cuando llegaron los agentes y les contó lo que le había ocurrido, el taxímetro había alcanzado ya los 89 euros.

Había dado un nombre falso

La Benemérita se tomó en serio el timo y recabó información suficiente para identificar al presunto estafador. Para empezar, los investigadores llamaron a la central de Radio Taxi y pidieron el teléfono desde el que se había solicitado el servicio, así como la identidad del demandante. Y aunque este último se había identificado con un nombre falso, el móvil de esa persona figuraba en las bases de la Guardia Civil por reseñas anteriores.

Las características del cliente que dio el taxista –un varón de 1,70 metros de altura, de complexión fuerte y pelo moreno con importantes entradas– coincidía también con la ficha policial. Y tras escuchar la grabación de la llamada que guardaba la cooperativa, los agentes se dieron cuenta de que coincidía con la del fichado. Todo ello ha permitido imponer un castigo al estafador, pero ahora habrá que localizarlo para que lo cumpla, puesto que se encuentra en busca y captura.

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