Felipe Carrasco, con su taxi eléctrico. / INNOLID

El taxista Felipe Carrasco, uno de los primeros en incorporar un vehículo 100% eléctrico en el sector en Valladolid, ahorra más de un 95% de energía en 24 meses y anima a sus compañeros a dar el salto a las renovables

El sector del taxi de Valladolid observa con expectación la experiencia de Felipe Carrasco, que incorporó un vehículo 100% eléctrico a la flota de la ciudad en 2019 con apoyo económico de la Agencia de Innovación y Desarrollo Económico del Ayuntamiento de Valladolid. Dos años y medio de rodaje y 86.000 kilómetros después, su conclusión es rotunda: «Todos los taxistas acabaremos con un eléctrico». De hecho, dos o tres compañeros le preguntan porque quieren dar el salto.

Y por una razón de «mucho» peso: la económica. Al cumplir los dos años de su adquisición echó cuentas. Para recorrer 70.000 kilómetros en un coche de combustión habría gastado unos 7.000 euros en gasoil (a un coste de 1,2 euros el litro y un consumo medio en ciudad de 8 litros a los 100 kilómetros). Sin embargo, con 321 euros en electricidad ha cubierto su gasto en energía. Un ahorro de más del 95% en dos años.

«Estos datos son de septiembre de 2021. Si lo calculamos con el precio que tienen hoy los carburantes, a punto de superar la barrera de los dos euros el diésel, la diferencia sería aún mayor», relata Carrasco. «A mí, de momento, Iberdrola me ha respetado el precio y si tenemos en cuenta que se redujo el IVA del 21% al 10%, a la hora de la verdad pago menos», argumenta este taxista vallisoletano.

El tiempo le ha dado la razón, pero inicialmente necesitó echar muchas cuentas. Su coche le costó más de 40.000 euros, a los que tuvo que sumar los 2.100 euros de inversión para instalar un cargador en su domicilio. Una cantidad que casi multiplica por dos la inversión que requiere un vehículo de combustión.

Entre el sector del taxi de Valladolid están muy extendidos los vehículos híbridos, una opción a la que Carrasco no ve mayores ventajas. «Con el híbrido consigues un consumo medio en ciudad de unos seis litros a los 100 (kilómetros), frente a los ocho de uno normal. Y hay que tener en cuenta que son ya bastantes más caros, por lo que no veo que el ahorro sea real», razona.

El incentivo del Ayuntamiento de Valladolid a través de la Agencia de Innovación, que supuso 5.400 euros de ayuda, y el Plan Moves del Gobierno para fomentar la adquisición de vehículos eléctricos redujeron la pesada carga inicial, pero aún así el gasto era importante. Carrasco cree que es necesario que se agilicen los pagos. «En el caso de la ayuda municipal se resolvió rápido pero la estatal tardó mucho. Cuando pides una subvención es porque la necesitas en ese momento, no cuando te la pagan. Eso se debería revisar», plantea.

En cuanto a la autonomía, Felipe Carrasco recorre cada día una media de 120 a 150 kilómetros por las calles de Valladolid, por lo que una recarga le da de sobra para dos jornadas de trabajo. «Yo cargo el coche cada dos días en casa. En estos dos años y medio apenas he necesitado utilizar una o dos veces los cargadores de la calle. Si salgo para algún viaje largo, planifico las paradas con la aplicación de Iberdrola para hacer el recorrido sin problemas», explica. Su coche dispone de una autonomía de 450 kilómetros con la batería llena y los que salen ahora al mercado lo superan por el avance tecnológico.

A estas ventajas también hay que sumar el inferior coste de las revisiones periódicas que tiene que superar cualquier coche. En el caso de los vehículos eléctricos, son más espaciadas en el tiempo y sensiblemente más baratas. «En uno de combustión, la revisión no te baja de 150 euros cada 15.000 kilómetros y con el eléctrico rondan los 50 euros y las más exhaustivas, entre 89 y 99 euros. Hay que tenerlo también en cuenta», sostiene el taxista vallisoletano.

Por no hablar de su fiabilidad. «He tenido seis coches anteriores desde que soy taxista y con todos he ido al concesionario porque algo les fallaba, la mayoría de las veces eran cuestiones menores, pero tenía que ir. Excepto con éste», añade Carrasco.

No todo son ventajas. También reconoce que tuvo algún problema inicialmente porque el modelo que había elegido no tenía la homologación para circular como taxi, lo que le obligó a una mayor tramitación administrativa hasta que lo logró. Un obstáculo, no obstante, que ahora ve que se ha salvado y las marcas ya lo están haciendo de inicio.

Experiencia de usuario

Al no tener cambios de marchas, la aceleración es progresiva, con lo que se evitan los tirones en el recorrido. Si a eso se le suma el silencio ante la ausencia de motor, la sensación que se lleva un usuario de un taxi eléctrico «es como de ir flotando», explica Felipe Carrasco.

«Los clientes expresan siempre su sorpresa por la experiencia y durante el viaje son muchos los que preguntan por cuestiones técnicas o por el ahorro que supone», explica el taxista, que solo tiene buenas palabras para su ‘compañero de fatigas’ eléctrico./EL NORTE

¡Coméntalo en Facebook!

comments





Source link