El paradigmático fracaso de Uber en Barcelona

En el imaginario colectivo de la cultura norteamericana, el fracaso es una palabra que adopta un significado distinto al habitual. No se concibe como una derrota sino como una oportunidad para aprender de los errores y continuar el camino hacia el “éxito”. Pero si un fracaso no es una derrota.

¿para qué esconderlo, para qué victimizarse, patalear, y echar la culpa a los demás de tus errores?

Este es el caso paradigmático de Uber en Barcelona, y la respuesta es simple. Cando sales esquilado por los tribunales europeos, como en el caso del servicio UberPop que lanzaron en 2014 como abanderado de la estafa colaborativa, es un FRACASO.

Cuando años más tarde vuelves con un servicio para hacer de taxi a través de los vehículos VTC y tienes que huir de la ciudad porque la regulación de las diferentes administraciones supone un obstáculo a tu método de trabajo ilegal, es un FRACASO.

Cuando ya no te queda otra salida y buscas la colaboración del propio sector del taxi, precisamente ese sector al que has intentado eliminar y suplantar desde el principio de los tiempos, y sólo encuentras un rechazo frontal de los taxistas, es, además de una maravillosa ironía, un FRACASO.

En definitiva, la historia de Uber en Barcelona es la historia de un fracaso tras otro. Uber ni vence ni convence. Así pues, para tratar de escurrir el bulto se recurre ahora a excusas de mal perdedor.

Porque si en su momento fueron la tecnofobia del sector o la negativa a “competir” los argumentos para justificar estos fracasos, ahora la culpa de que casi un año después apenas hayan podido reunir a sesenta conductores, parece ser de la concienciación que se hace desde Élite Taxi Barcelona sobre la conveniencia o no de trabajar con Uber.

¿Las declaraciones que salen desde el sector del taxi ponen en jaque la viabilidad de una empresa valorada en más de 60 mil millones de dólares?

Rotundamente no. Quien más ha contribuido a formar la opinión que el taxista tiene sobre Uber, ha sido la propia compañía con sus hechos, siempre contrarios a los intereses del sector.

Así que si hay que buscar responsables del fracaso, que lo busquen dentro y no fuera.
No hay que pasar por alto que la denuncia presentada por Uber en la ACCO y recientemente admitida, persigue poner en peligro la continuidad de una asociación que siempre ha mantenido una posición clara y contundente respecto a lo que es Uber, y que está denuncia, intenta ser una especie de mordaza, precisamente, en un momento crucial donde tiene que decidirse qué pasa tras el final de la moratoria del Decreto Ábalos.
Uber quiere desconectar a Élite, callarla y apartarla, y por supuesto, excusar otro fracaso en Barcelona.

El paradigmático fracaso de Uber en Barcelona



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